Título: Casas limpias
Autora: María Agúndez
Esta novela ha llegado a mí gracias a mi club de lectura, y he de decir que no se si darles las gracias a mis compañeras o no volver a hablarles en la vida.
A caballo entre la narrativa, el ensayo y el diario personal conoceremos a Sol, con sus rarezas, sus miedos y sus obsesiones.
La he odiado desde la página 1, no la entiendo, no la soporto y, por supuesto, no me he sentido cercana a ella (y mucho menos identificada). No sabe qué hacer con su vida, todo le sienta mal, nada le llena y compararse con los demás es su hobby favorito. Es la vieja del visillo, siempre espiando a sus vecinos.
Se siente feminista o quiere serlo, pero actúa como si viviese bajo el yugo de un marido perverso y maltratador, y teniendo en cuenta que, además, su novio (el perfecto) es el favorito de todo el mundo y hace por ella todo lo que le pide y más (menos limpiar), es desquiciante.
No soporto que haga las cosas por "gusto" y luego lleve una lista imaginaria apuntando todo lo que ella hace y los demás no. Si lo haces lo haces, pero apuntar para recriminar es de psicópatas. Tampoco he soportado que ni el novio ni la hija tengan nombre, llegué a pensar que no existían y se los imaginaba y por eso no lo tenían.
Dicho todo esto, su obsesión por limpiar me angustia, que limpie antes de que vayan a limpiarle la casa, que pague a gente por limpiar en su casa y ella se vaya a limpiar a otras casas, que gaste más dinero en niñeras y limpiadoras del que gana limpiando para otros... Por no hablar de sus continuos remordimientos de conciencia, ¿no sería mejor que se quedase limpiando su casa y cuidando a su hija? Por lo menos no se sentiría culpable...
En fin, no me ha gustado nada, pero por lo menos no me ha dejado indiferente.
Pros: no te dejará indiferente.
Contras: todo descripciones, texto largos inconexos, y cero dialogos, reflexiones de una loca que me han sacado de mis casillas.
Valoración: 1/5
Sinopsis: Como cada martes desde que está embarazada, Sol, una joven obsesionada con la limpieza, recibe en casa con cierto pudor a Diana y a Emily, dos asistentas a las que ha contratado para que la ayuden con las tareas del hogar. Sus ideales modernos van en contra de tener servicio doméstico, así que, lo que a priori iba a ser una ayuda, se vuelve más bien una preocupación constante por el qué dirán: las necesita a toda costa y al mismo tiempo desearía que no existieran.
El creciente malestar y su menguante cuenta corriente dan paso a una pregunta: ¿es tan grande la distancia que las separa? Sabe que si ella fuera limpiadora, su implacable familia (alias termitas devoradoras de sueños) lo consideraría indigno y un malgasto de sus capacidades. No obstante, con el paso de los días, la vida de Sol, sus relaciones y su mirada sobre el mundo se transformarán, afectadas por la diferencia entre sus inclinaciones y lo que el resto espera de ella.
Más que una novela, Casas limpias es un estado de obsesión, una mirada puesta en todo aquello que muchas veces no queremos ver. Es una historia sobre la división constante entre dos mundos: lo digno y lo humillante, el «ellas» y el «nosotros», lo que se ve y lo que se esconde.
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